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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una fuga al Himalaya que le cambió la vida al hombre que el cine inmortalizó

Brad Pitt se pone en la piel de Heinrich Harrer en la película de Jean-Jacques Annaud que recorre la montaña, la guerra y el lazo inesperado con el líder tibetano, y que hasta le valió a Hollywood un cruce de cables con China.

Por Marisol AndradaCultura y espectáculos · · hace 24 d
Una fuga al Himalaya que le cambió la vida al hombre que el cine inmortalizó

Volví a sentarme frente a la pantalla con la sensación de estar abriendo un cuaderno de viaje viejo. Ahí está la fila de expedicionarios, las mochilas enormes, la nieve que parece imposible. La película arranca con un Heinrich Harrer que en 1939 se despide de su esposa embarazada y se manda a las alturas del Himalaya como si el mundo le debiera una cumbre. La dirección de Jean-Jacques Annaud se toma su tiempo para mostrar esa partida: los guantes, las cuerdas, la última mirada atrás.

El problema es que la historia no lo deja en la montaña. Estalla la Segunda Guerra Mundial, Harrer termina prisionero y lo que iba a ser un desafío deportivo se convierte en un capítulo mucho más largo y mucho más íntimo. La aventura queda en pausa y empieza otra cosa.

De la fuga al encuentro que cambia la historia

Con el correr de los años, Harrer consigue escaparse y su derrotero lo lleva hasta el lugar donde vive el Dalai Lama. Ahí aparece el otro motor del relato. Annaud deja de lado el tono épico de expedición y se mete en el vínculo entre los dos, en las conversaciones, en los silencios, en el modo en que un europeo pagado de sí mismo empieza a mirar distinto.

  • Un alpinista que parte hacia el Himalaya en 1939 y deja a su esposa embarazada.
  • La Segunda Guerra Mundial lo obliga a recalcular: prisionero y lejos de la cumbre.
  • La fuga que lo deposita en el entorno del Dalai Lama y abre el tramo más humano de la película.
  • El contexto de la invasión china al Tíbet, que funciona como marco político del relato.

El ida y vuelta con China que se llevó puesto a Hollywood

Lo que pasó fuera de la pantalla fue casi una película paralela. En 1997, China prohibió los estrenos de Sony durante ese año y, además, le cerró la puerta al país tanto a Pitt como al propio Annaud, en un primer momento de manera indefinida. Después el tiempo fue ablandando las cosas: Annaud pudo entrar en 2012 y hasta filmó allí El último lobo, y Pitt recién volvió a pisar China en 2014.

Por lo pronto, Siete años en el Tíbet sigue siendo una de esas propuestas que arman el combo completo: viaje por la montaña, un tramo de guerra, un escape y un lazo humano que termina pesando más que cualquier pared de roca. Para quien se anime a revisitarla o a descubrirla ahora, el plan es sentarse con tiempo, dejarse llevar por el Himalaya y quedarse hasta ese tramo final donde la aventura se vuelve, definitivamente, otra cosa.

MA
Marisol AndradaCultura y espectáculos

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