Una remera, una historia: la moda argentina se cuenta en el Museo de Arte Moderno
"Vestir mundos", la muestra que el ModMA arma junto a Fundación IDA, propone leer la indumentaria como archivo vivo de las crisis, los debates ambientales y las identidades culturales del país desde fines del siglo XX hasta hoy.
Acá arriba, cuando el sol pega fuerte sobre los cerros y la vereda todavía guarda la frescura de la madrugada, uno se cruza con gente que carga historias en la ropa. Pienso esto mientras camino hacia el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, donde acaba de abrir "Vestir mundos", una exposición que entiende a un tapado, una remera o un guardapolvo como documentos de su época. La muestra, organizada junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), se puede visitar desde el 10 de septiembre y hasta el 1 de julio de 2027, así que da tiempo de sobra para volver más de una vez.
La curaduría está a cargo de Franco Chimento y Raúl Flores, y el recorrido se ordena en seis núcleos temáticos. El hilo conductor es una idea que a mí, como porteño de ley, me suena muy familiar: los diseñadores argentinos convirtieron la restricción y la crisis en materia de trabajo. "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia", señala Chimento, y esa frase me parece el corazón de toda la propuesta.
De la crisis del 2001 al guardapolvo resignificado
Los primeros núcleos repasan las respuestas creativas a las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y comienzos de los dos mil. Ahí aparece Trosmanchurba, el sello de Martín Churba y Jessica Trosman, que experimentó con fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados para redefinir qué entendemos por sofisticado. También está la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), realizada junto a la Cooperativa La Juanita, que resignificó el guardapolvo blanco como símbolo de trabajo autogestionado. Una prenda escolar convertida en bandera de dignidad, vaya paradoja.
Sostenibilidad, norte argentino y oficios ancestrales
Otro eje central es la sostenibilidad, y ahí la muestra se pone bien generosa. El colectivo 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano. Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, una idea que a mí me enternece, porque cada tela llega con la historia de una mesa familiar. La firma Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas sin distinción de género ni temporadas.
- MANTO, de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, trabaja desde 1996 con hilanderas del norte argentino para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama, combinadas con sastrería contemporánea.
- La salteña Roxana Liendro traslada técnicas de orfebrería, como el repujado y el cincelado, sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
- Las búsquedas más recientes que integra la exposición apuntan a la biotecnología y la producción circular, de la mano de diseñadores como Romina Cardillo, que experimenta con materiales de base biológica.
Lo que más me gusta de "Vestir mundos" es que no trata a la moda como un capricho superficial, sino como un archivo. Cada costura guarda una decisión, una carencia, una discusión de su tiempo. Salgo del museo pensando en mi propio placard, en esa camisa heredada de un tío que ya no está y que, de alguna manera, también cuenta algo de la Argentina que me tocó vivir.
“Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia.”Franco Chimento, curador
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