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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando el cariño se vuelve dependencia: qué dicen 102 estudios y por qué importa mirarlo con cuidado

Una revisión internacional asoció la dependencia emocional con baja autoestima, violencia psicológica y dificultades de apego, pero sus resultados no sirven para diagnosticar casos individuales. La clave, según los especialistas, está en observar las decisiones cotidianas y no tanto la intensidad del enamoramiento.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 11 d
Cuando el cariño se vuelve dependencia: qué dicen 102 estudios y por qué importa mirarlo con cuidado

Acá arriba, en el norte argentino, cuando el sol cae a plomo sobre la vereda y la siesta se estira hasta entrada la tarde, más de una vez me tocó escuchar en alguna plaza la misma reflexión de amigos y conocidos: que en la pareja todo se resuelve con voluntad y con amor, y que si algo falla es porque uno de los dos no puso suficiente ganas. Yo, que llevo años cubriendo estos temas para este portal y que vengo de charlar con vecinos de pueblos chicos y de ciudades grandes, aprendí hace rato que esa mirada, aunque bienintencionada, suele dejar afuera un montón de cosas. Por eso me detuve a leer con detenimiento una revisión de 102 investigaciones que se publicó este año y que vuelve a poner sobre la mesa un tema que da para conversar largo y tendido: la dependencia emocional y su vínculo con la baja autoestima, la violencia psicológica y las dificultades de apego. La investigación no es menor, porque junta evidencia acumulada durante años, pero al mismo tiempo deja en claro algo que muchas veces se pierde en los títulos de los portales: sus resultados no sirven para etiquetar a una persona ni para reemplazarlos con un diagnóstico.

La revisión, publicada en 2026, agrupó estudios que analizaron la dependencia emocional en distintos contextos y poblaciones, y encontró asociaciones estadísticas con indicadores de malestar. Sin embargo, los propios autores aclaran que los trabajos revisados usaron definiciones diferentes del fenómeno, lo que impide pensar en una causa única. En otras palabras, no es que la dependencia provoque siempre los mismos problemas ni que quien tenga baja autoestima quede automáticamente condenado a repetir un patrón. Cada historia tiene sus tiempos, sus circunstancias y sus matices, y por eso los investigadores insisten en que los datos deben leerse con prudencia, no con alarma.

Señales que aparecen en lo cotidiano, no en las grandes declaraciones

Lo que más me interesa, y lo que suele resonar cuando lo cuento en las recorridas por los barrios, es que las señales de una posible dependencia no se ven tanto en las grandes declaraciones de amor sino en las decisiones de todos los días. Dejar de juntarse con amigos para evitar una discusión, callar una necesidad por miedo a que la otra persona se vaya, o necesitar su aprobación hasta para elegir qué comer afuera son pistas que la American Psychological Association viene señalando hace tiempo como indicadores de que algo se está corriendo de eje. No se trata de medir las horas compartidas ni de cuestionar la intensidad del enamoramiento, sino de observar cuánto espacio personal queda dentro del vínculo. Marta, una vecina de Cerrillos que me cruzé en la feria el domingo mientras compraba empanadas, me lo resumió con una frase que me quedó dando vueltas: uno se da cuenta de que algo anda mal cuando empieza a dejar de hacer cosas que antes le gustaban, no porque ya no le gusten, sino porque la otra persona se enoja o se pone celosa.

  • Renunciar a amistades o actividades propias para evitar conflictos en la pareja.
  • Callar necesidades o deseos por temor a una separación o un disgusto.
  • Necesitar aprobación constante de la otra persona para tomar decisiones cotidianas.
  • Imaginar que ningún proyecto personal es posible sin la presencia de la pareja.
  • Sentir que el bienestar propio depende casi exclusivamente de cómo esté el vínculo.
  • Diferir de manera persistente en el modo de resolver discusiones, con descalificaciones o silencios prolongados.

La intimidad y la cooperación pueden crecer sin que se pierda la identidad de cada uno. Pedir compañía en un momento difícil o compartir una preocupación no implica, por sí mismo, perder autonomía; el problema aparece cuando sostener la relación exige relegar de manera persistente las amistades, las responsabilidades o los intereses propios. Por eso los especialistas subrayan que tener límites, pasar momentos separados o cultivar proyectos individuales no atenta contra el cariño, sino que suele fortalecerlo. Como me decía hace unos días Juan, un comerciante de La Quiaca con quien compartí un café en su local: en la pareja, como en cualquier sociedad, cada uno tiene que poder ir y volver, y saber que del otro lado lo están esperando sin que le reclamen por haberse ido.

Qué dice la ciencia y qué no se puede concluir todavía

La revisión de 102 estudios encontró que la dependencia emocional aparece asociada con baja autoestima, con formas de violencia psicológica y con dificultades vinculadas al apego, que es la manera en que cada persona busca cercanía y seguridad afectiva desde la infancia. Aun así, los investigadores remarcan que estos hallazgos no permiten equiparar dependencia emocional con amor maníaco ni con la llamada adicción al amor, categorías que circulan mucho en redes sociales y que a menudo se usan como sinónimo, cuando en realidad describen fenómenos distintos. Además, la dependencia emocional no figura como un diagnóstico independiente en los principales manuales de salud mental, como el DSM o la clasificación de la Organización Mundial de la Salud, sino que se la entiende como un patrón de relación que puede darse en personas con o sin otros cuadros clínicos. Por eso, antes de sacar conclusiones sobre uno mismo o sobre alguien cercano, conviene charlarlo con un profesional, que es el que puede mirar la historia completa y evitar tanto la alarma innecesaria como la negación.

Cuando los investigadores hablan de violencia psicológica en este tipo de revisiones, se refieren a comportamientos como descalificaciones constantes, control sobre las salidas, los horarios o las amistades, y también a la indiferencia o el silencio como castigo. La asociación con la dependencia emocional aparece porque en muchos de los estudios revisados las personas con mayor dependencia relataban también haber vivido estas situaciones, aunque eso no significa que toda relación dependiente incluya violencia ni que toda relación violenta se explique por dependencia. Los matices importan, y en temas sensibles como este más todavía. Por eso, la próxima vez que alguien me pregunte cómo se da cuenta de si lo que siente es amor o dependencia, suelo responderle lo mismo que me respondió Laura, una docente de Humahuaca con quien coincidí en una jornada sobre salud mental: mirá qué hacés cuando la otra persona no está, y mirá qué dejás de hacer cuando sí está. Si en las dos respuestas aparece algo que te asusta, pedí ayuda. No porque estés enfermo, sino porque querés entenderte.

DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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