El hechizo de las Owen se reinventa: por qué "Prácticamente magia 2" deja la puerta abierta a una secuela más
La esperada reunión de las hermanas Owen, casi tres décadas después, llega con un villano familiar, un sacrificio desgarrador y varios hilos narrativos que el filme no termina de cerrar. La pregunta que sobrevuela la sala es si habrá una tercera parte para atarlos.
Le tengo que ser honesta: cuando me acomodé en la butaca para ver "Prácticamente magia 2" todavía tenía la imagen de esas hermanas que, en 1998, me habían hecho creer que lo sobrenatural también podía ser un tema de conversación familiar. Esta vez, la sala estaba llena de gente grande como yo, con esa mezcla particular de nostalgia y curiosidad que se ve en las funciones de reestreno: familias, parejas, algunos grupos de amigos que se conocían de toda la vida.
La película no arranca con la varita en alto, sino con un sacudón interno. La familia Owen se enfrenta a Tom Bailey, un pariente lejano que llega sin poderes pero con muchas cuentas pendientes. Lo importante acá es que el conflicto se resuelve en colectivo, con un conjuro entre todas, y eso ya marca el pulso de la entrega: la magia como tarea compartida, no como talento individual.
El corazón de la historia está en Massachusetts
Mientras en la casa de las Owen se discute el destino del libro de hechizos, en otro punto del estado, Frances descubre que la maldición que pesa sobre las mujeres de su familia tiene una salida, pero no es gratuita. La condición es un sacrificio personal, y ella lo asume. La escena es de las que se quedan en silencio en la sala: te das cuenta de que lo que estaba en juego nunca fue un hechizo decorativo, sino el precio concreto que algunas decisiones tienen.
“Lo que la película deja flotando no es un cliffhanger con golpe de efecto, sino algo más interesante: la sensación de que hay material vivo, todavía no contado del todo.”Marisol Andrada
- El arco de Gillian queda sin resolución definitiva, lo que abre preguntas sobre su vínculo con la familia y con su propia herencia mágica.
- Las integrantes más jóvenes de las Owen recién comienzan a explorar qué pueden hacer con sus poderes, sin que la película les muestre un horizonte claro.
- El negocio familiar que identifica a las Owen sobrevuela toda la trama como una herencia material y simbólica que nadie termina de decidir qué hacer con ella.
- Sally retoma su vida amorosa con Ian, un personaje nuevo, lo que suma una línea afectiva fresca pero todavía en construcción.
- La franquicia regresa en un contexto clave: la primera película encontró una segunda vida en plataformas de streaming, donde una generación más joven la descubrió décadas después de su estreno original.
Después de la función, en la fila de la confitería, escuché de todo. Una señora le decía a su hija que había ido a verla porque la vio de chica y quería ver cómo seguía. Un par de chicos veinteañeros comentaban que la habían descubierto el año pasado en una plataforma y que no podían esperar para ver la secuela. Esa mezcla es, a mi modo de ver, la mejor postal del fenómeno: una película que se pensó para una época y que termina encontrando público en otra, casi como si el hechizo se hubiera extendido más allá de la pantalla.
La pregunta del millón que me dejaron dando vueltas al salir es si hace falta una tercera parte. Mi postura, y se la cuento con todo el cariño del mundo, es que el desenlace actual cierra lo principal pero deja la respiración abierta. No es un truco marketinero al estilo escena poscréditos, de hecho la película no tiene, sino una decisión narrativa que respeta a los personajes: algunas historias no se apuran, simplemente siguen. Si hay tercera entrega, me siento en la butaca sin dudarlo. Y si no la hay, el recuerdo de este reencuentro igual va a quedar dando vueltas, como ciertos hechizos que uno no termina de entender del todo pero que, por alguna razón, le hacen bien.
