El licuado de la discordia: por qué el batido de proteínas puede jugarte una mala pasada si lo preparás mal
Dos endocrinólogas explican qué ingredientes transforman una supuesta merienda saludable en una montaña rusa de glucosa y recomiendan ajustes concretos para conservar el hábito sin el efecto no deseado.
Acá, en el pueblo, siempre hay alguna vecina que arranca el día con el mixer sonando en la cocina antes de que el sol pegue de lleno sobre la vereda. Marta, de casi toda la vida en la zona norte, me lo repite cada vez que me cruzo con ella camino al kiosco: ella toma su licuado con banana, un puñado de frutillas, la cuchara generosa de proteína saborizada y, claro, jugo de naranja como base porque le parece lo más sano. La cuestión es que, según dos endocrinólogas consultadas por la prensa estadounidense, ese combo tan popular puede provocar una suba brusca de azúcar en sangre y dejar una sensación de cansancio, mal humor y niebla mental que nadie busca a las diez de la mañana.
Qué ingredientes son los que más empujan la aguja
No es que el licuado sea el villano de la película, sino que, como dicen las especialistas, lo que se le pone adentro puede jugarle una mala pasada. Las frutas son las primeras de la lista: banana, frutilla y mango son conocidas por disparar la glucemia después de comer, sobre todo cuando la porción es generosa y no hay suficiente proteína y grasa para compensar ese golpe de azúcar. Ojo con las proteínas en polvo saborizadas: muchas marcas del mercado vienen con azúcares añadidos que también colaboran en la suba. Y ni hablemos del jugo como base líquida: al no tener la fibra de la fruta entera, los carbohidratos quedan más disponibles para el cuerpo y llegan más rápido al torrente sanguíneo.
La doctora Erin Scholten, del Lehigh Valley Health Network, advierte que los batidos armados básicamente con fruta elevan la glucosa, en particular cuando llevan porciones grandes de variedades con muchos carbohidratos o cuando esa fruta se mezcla con jugo u otros endulzantes. La doctora Omodamola Aje, del Berkshire Medical Center, afiliado a la UMass Medical School, va en la misma línea y precisa que esas mezclas son famosas por generar un pico posprandial, justamente cuando faltan proteína y grasa para amortiguar el golpe.
“Las mezclas con banana, frutilla y mango son conocidas por causar un pico después de comer, especialmente si no hay suficiente proteína y grasa para compensarlo.”Dra. Omodamola Aje, endocrinóloga del Berkshire Medical Center
Por qué licuar cambia las reglas del juego
Acá viene un dato que a más de uno lo va a hacer pensarlo dos veces antes de meter todo en la licuadora. Licuar los alimentos rompe la estructura física de lo que comemos y deja los carbohidratos más expuestos a la digestión, lo que acelera su llegada a la sangre. Un licuado, por más sano que parezca, se comporta distinto que masticar la fruta entera o un puñado de nueces, porque el cuerpo procesa lo líquido mucho más rápido y se saltea varios pasos.
Como me decía el otro día don Hugo, en la esquina de siempre mientras tomaba su café con leche: uno se empecina en hacer las cosas bien y a veces termina haciéndolas peor sin darse cuenta. Con los batidos pasa algo parecido: la intención de comer mejor está, lo que falta es ajustar la composición para que el cuerpo no pague los platos rotos. Las dos endocrinólogas coinciden en que no hay que tirar el hábito a la basura, sino entender que la clave está en la combinación, no en el vaso en sí. Lo dijo, casi sin querer, una vecina de acá arriba que probó cambiar el jugo por agua y la banana por frutillas: no es que dejó de tomar su batido, es que ahora lo toma como corresponde.
