El peso vuelve a ceder y el productor mira el reloj de la cosecha
El dólar oficial marcó un nuevo techo nominal en el Banco Nación, el mayorista encadenó tres ruedas en alza y el blue quedó clavado en 1.560 pesos, en una semana que volvió a recalentar la pulseada cambiaria justo cuando empieza a definirse la próxima vendimia.
La mañana del viernes amaneció con esa frescura tibia que en el sur mendocino ya nadie discute: septiembre se instala con sol firme y noches todavía frescas, y las parras de Malbec lo sienten en el ritmo de maduración. Esa misma quietud otoñal contrasta con el ruido que llegó desde las pizarras: el dólar para la venta al público terminó en 1.545 pesos en el Banco Nación, cinco pesos por encima del cierre anterior, una variación del 0,3 por ciento que parece chica en el papel pero pesa en el mostrador de las agronomías y en el cálculo del gasoil para la próxima fumigada.
Lo que me cuentan en la zona de San Rafael, donde visito a Marcelo cada vez que el termómetro cambia, es que esta clase de movimientos diarios ya se mide con otra vara. Marcelo, productor de toda la vida y dueño de quince hectáreas de Malbec y Cabernet, me dice mientras revisa una bomba de riego que cinco pesos por dólar, cuando se repiten semana tras semana, terminan mordiendo el margen del vino a granel antes de que la uva llegue a la bodega. Para él, lo de hoy no es una noticia financiera: es un recordatorio de que el costo de los insumos dolarizados y el precio interno del vino siguen corriendo por veredas distintas.
Tres puntas de un mismo hilo
- Dólar Banco Nación (venta minorista): 1.545 pesos, suba de cinco pesos, máximo nominal registrado hasta esa jornada.
- Dólar blue: 1.560 pesos, sin variaciones, a diez pesos del récord del 28 de julio.
- Dólar mayorista: 1.525,50 pesos, alza de seis pesos o 0,4 por ciento, con tres ruedas consecutivas en positivo.
El segmento mayorista fue el que más aceleró: terminó en 1.525,50 pesos y completó tres jornadas consecutivas de suba, un recorrido que los analistas de la city ya venían marcando como una tendencia de corto plazo. En el balance semanal, la cotización acumuló once pesos, equivalentes al 0,7 por ciento, y en lo que va de septiembre la suba llega a diecisiete pesos, un 1,1 por ciento. Son tres ventanas de análisis distintas que, miradas en conjunto, dibujan un cuadro consistente: la presión cambiaria no aflojó en ningún tramo de las últimas semanas.
Mientras el oficial y el mayorista avanzaron, el blue se mantuvo clavado en 1.560 pesos, diez por debajo de su récord del 28 de julio. Esa estabilidad del informal convivió con un Banco Nación marcando techo nominal, una combinación que en el circuito del vino, donde siempre hay alguien consultando ambas puntas para fijar precio de uva o de mosto, se traduce en preguntas incómodas: cuál de las dos cotizaciones termina siendo la referencia real para el negocio del surco a la góndola.
Porque del surco a la góndola hay un trayecto largo, y cada centavo de diferencia cambiaria se cruza con el precio del kilo de uva, con el valor del vino a granel, con el flete, con el tipo de cambio que paga finalmente el exportador. Cuando el oficial sube y el blue se queda quieto, la brecha se reduce un poco, pero también se reduce la posibilidad de hacer negocios cruzados, y eso es algo que en Mendoza y en San Juan se comenta tanto como el estado de las vides.
“Acá uno trabaja con dos termómetros: el que pasa por el Banco Nación y el de la calle. Cuando se mueven juntos, es más fácil decidir. Hoy se movió uno solo y eso nos deja otra vez a la espera.”Marcelo, productor de San Rafael
Lo que el Estado todavía no resolvió
Detrás de estas cifras hay una discusión que el Estado todavía no resolvió de manera definitiva: cómo ordena un mercado cambiario que tiene al oficial, al mayorista, al blue y a los dólares financieros moviéndose con lógicas distintas. Para el productor vitivinícola, esa indefinición no es un dato técnico: es una variable más del costo, junto con el precio del gasoil, los agroquímicos y la mano de obra. Y mientras esa pulseada siga sin un horizonte claro, cada nueva rueda del Banco Nación se mira con la misma atención con la que se mira el cielo antes de una helada tardía.
