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Sábado, 17 de octubre de 2026
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"El precio de la red": cuando Sorkin se dirige a sí mismo y pierde el control

La esperada secuela de "La red social" llega con el guionista detrás de cámara, y la crítica señala que la fórmula que funcionó con Fincher, Boyle y Reiner esta vez se quedó sin red.

Por Marisol AndradaCultura y espectáculos · · hace 3 d
"El precio de la red": cuando Sorkin se dirige a sí mismo y pierde el control

Lo confieso: fui a la sala con la expectativa de quien guarda la butaca desde que se confirmó el proyecto. Y entiendo perfectamente la decepción que recorre las primeras críticas de "El precio de la red", la película que reúne otra vez a Aaron Sorkin con el universo de Mark Zuckerberg. La idea de volver a ese mundo quince años después de "La red social" era, en sí misma, una promesa enorme. Lo que llega a la pantalla, sin embargo, vuelve a poner sobre la mesa un debate que el propio cine de Sorkin viene planteando desde hace rato: qué pasa cuando el guionista tiene el control total del set.

El guionista detrás de cámara

Sorkin tiene un historial bastante desparejo como realizador. "Molly's Game" tuvo su público y sus defensores, pero sus trabajos siguientes confirmaron algo que muchos sospechaban: lo mejor de sus textos apareció cuando otro director los puso en escena. David Fincher en "La red social", Danny Boyle en "Steve Jobs", Rob Reiner en "Algunos hombres buenos" supieron contener y redirigir esos excesos que, sin filtro, pueden resultar indigestos. Sin esa tensión externa, el material se expande, los diálogos se alargan y la película pierde ritmo. Es lo que se repite, según la crítica especializada, en esta nueva entrega.

  • Soliloquios extensos que funcionan mejor leídos que en pantalla.
  • Escenas de interiores con problemas de iluminación notorios, pese a repetir al director de fotografía de "La red social".
  • Un montaje sin urgencia e imágenes que rara vez trascienden lo funcional.
  • Un tono idealista que, sin un realizador externo que lo discipline, pesa sobre el resultado final.

Hay algo de paradoja en todo esto. La película funciona, en parte, como secuela de un clásico moderno del cine de los últimos veinte años, pero también toma elementos de "The Newsroom" y hasta de aquel proyecto sobre el 6 de enero que Sorkin viene intentando levantar hace años sin suerte. Se nota la acumulación: ideas que van y vienen, personajes que discuten durante cinco minutos sobre periodismo, política o ética digital, y una sensación creciente de que el material existe, sobre todo, porque suena bien recitado.

“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr, en una línea ya presente en los tráileres

Esa frase, que el propio filme incluye y que ya empezó a circular como resumen involuntario de la película, sintetiza la lectura que hacen los críticos. La pregunta queda flotando en la sala, y me la llevo a casa: ¿funciona Sorkin mejor cuando otro dirige sus guiones, o hay algo valioso en ese control total del material? Mientras tanto, la película sigue en cartel y la discusión, seguramente, recién empieza. La próxima función la tengo agendada para el finde, a ver si una segunda mirada cambia la primera impresión.

MA
Marisol AndradaCultura y espectáculos

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