El temporal que encierra el crimen: llega a Netflix “El problema final”, la apuesta española con Coronado y el sello Pérez-Reverte
Cuatro episodios, un hotel aislado en 1959 y un actor que alguna vez fue Sherlock Holmes convertido en detective de la vida real: la miniserie que dirige Félix Viscarret se estrena el 25 de septiembre y reúne a María Valverde, Maribel Verdú y un elenco pensado para el suspenso de cuarto cerrado.
La mañana en la que Netflix confirmó la fecha de estreno fue, como tantas otras en esta parte del año, gris y con viento del sur, de esas que en la viña hacen crujir las hojas y empujan a los productores a mirar el cielo antes que la pantalla. Pero esta vez la atención estaba puesta en Madrid, donde MOD Producciones termina de pulir los detalles de “El problema final”, la miniserie que el gigante del streaming lanzará el viernes 25 de septiembre. Yo, que sigo cada movimiento del audiovisual español como quien sigue la curva de madurez de un Malbec, confieso que esta noticia me llegó con ese mismo entusiasmo contenido del productor que sabe que la temporada todavía no terminó y que falta contar lo más importante.
La propuesta es una adaptación de la novela de Arturo Pérez-Reverte y está pensada en cuatro episodios, un formato breve que obliga a no regalar nada. La dirige Félix Viscarret, un realizador navarro al que el público argentino conoce por su pulso sobrio para los dramas de época, y la protagoniza José Coronado en la piel de Basil, un actor veterano que en su momento encarnó a Sherlock Holmes en la pantalla y que hoy arrastra una carrera en declive, con papeles cada vez más pequeños y la nostalgia de un público que ya no lo llama por su nombre de personaje.
Un hotel, una isla, un temporal y trece sospechosos
La historia se ambienta en 1959. Un temporal deja incomunicadas a trece personas dentro de un pequeño hotel de una isla, sin posibilidad de pedir auxilio ni de esperar a la policía. Entre los huéspedes está Edith Mander, una turista inglesa que aparece muerta en su habitación. Todo parece indicar un suicidio, hasta que las contradicciones que presenta la escena empiezan a delatar que hubo mano criminal. Es el punto de partida clásico del whodunit, del policial de cuarto cerrado, del género que Agatha Christie y Arthur Conan Doyle llevaron a su máxima expresión y que ahora Pérez-Reverte resignifica con su mirada adulta y descreída.
Es ahí donde el pasado de Basil como intérprete del detective de Conan Doyle se vuelve una trampa y una oportunidad. Los demás huéspedes, sin nadie más a quien acudir, recurren a él como si el oficio del personaje se hubiera contagiado al hombre. Pero la diferencia, como el propio Coronado señaló al hablar del proyecto, es que acá no hay banda sonora que marque el hallazgo ni un guion que le acerque la pista decisiva: hay olor a encierro, cansancio y miradas cruzadas en el pasillo.
Elenco y producción: un equipo con pedigree
- José Coronado como Basil, el actor que alguna vez fue Sherlock Holmes y debe resolver un crimen fuera de la pantalla.
- María Valverde en el papel de Adela Figueroa, una de las huéspedes del hotel aislado.
- Maribel Verdú, en uno de los roles centrales del misterio.
- Martiño Rivas, Gonzalo de Castro, Pepón Nieto, Cristina Kovani y José Condessa, que completan el cuadro de sospechosos.
- Félix Viscarret como director y MOD Producciones como productora responsable del proyecto.
Al referirse al desafío, Coronado lo emparentó con los relatos de deducción de Conan Doyle y Christie, y a la vez marcó la diferencia con otros thrillers de su carrera, donde el personaje suele llegar a la resolución empujado por la estructura. “Me interesa especialmente la brevedad del formato”, dijo el actor, en una declaración que sintetiza la apuesta: cuatro capítulos para no estirar de más un misterio que se sostiene por la presión del encierro, no por la cantidad de pistas.
En tiempos de series que se estiran como soga y donde el campo, del surco a la góndola, pide cada vez más tiempo de lectura en la etiqueta, ver una producción que elige comprimirse resulta una rareza bienvenida. Cuatro episodios son suficientes para que el espectador llegue al crimen, lo padezca y se quede con la pregunta abierta en la cabeza, como ese racimo que uno deja madurando unos días más en la planta porque sabe que todavía no está.
Lo que el Estado todavía no resolvió, al menos para la pantalla chica argentina, es cómo hacer circular este tipo de ficciones europeas con la misma velocidad con la que llegan a Madrid o Barcelona. Las plataformas las ofrecen, sí, pero el ojo local muchas veces se entera tarde, mal y por corte. Mientras tanto, el 25 de septiembre quedará como una fecha para anotar en la agenda: el temporal, el hotel y un Basil que ya no es Holmes, pero al que igual le piden que haga de detective.
