Karol G desplegó su Tropitour en Nueva Jersey y cantó por primera vez en vivo “BbY Wow”
La colombiana reunió a Tainy, Judeline y Rusowsky en el escenario del MetLife Stadium, sumó un mariachi femenino y volvió a mirar a Selena Quintanilla como faro de su show.
Lejos del calor que suele pedir el café mañanero, la mañana arrancó con un cielo cubierto sobre Buenos Aires, esa luz plomiza que invita a quedarse bajo la colcha y mirar hacia otro lado mientras el termómetro se decide. Es el tipo de jornada en la que uno agradece que la rutina, al menos, traiga alguna noticia que valga el esfuerzo de abrir los ojos, y la traigo: anoche, en el otro extremo del continente, Karol G convirtió el MetLife Stadium de Nueva Jersey en una pequeña Cartagena desbordada, con guacamayos gigantes, mariachis de guardapolvo bordado y un público que vibró durante más de dos horas sin pausa. Yo estuve ahí, del lado de los que cuentan, y lo que vi fue una artista colombiana entendiendo, como pocas, que un show latino hoy no se piensa sin raíces, sin comunidad y sin una generosidad casi política a la hora de repartir escenario.
Una premiere con cuatro voces y un solo pulso
El primer gran momento llegó cuando la pantalla gigante se oscureció y, sin aviso, cuatro siluetas se plantaron en el escenario: Karol G, el productor puertorriqueño Tainy, la española Judeline y el madrileño Rusowsky. Los cuatro se trenzaron en “BbY Wow”, la canción que la colombiana venía guardando como sorpresa y que anoche, por primera vez, sonó en vivo ante un estadio lleno. La selección del bloque no fue casual: Tainy es uno de los arquitectos del reguetón contemporáneo, Judeline representa la nueva savia española y Rusowsky aporta ese costado electrónico melancólico que tan bien le sienta al pop en castellano. La química entre ellos fue evidente, y por un instante el escenario pareció más un taller de producción que un concierto, con cada uno empujando al otro a un sitio nuevo.
Después del estreno, Karol G se tomó un segundo para hablarle a la gente. Dijo, con esa tonada paisa que se le escapa cada vez más seguido, que este disco quería ser un homenaje a la música latina y, sobre todo, a los países que la habían hecho sentir bienvenida. Esa declaración, en boca de alguien que llena estadios en México, Estados Unidos y Europa, no suena a frase de marketing: suena a verdad sentida, y el público lo leyó así, porque respondió con un aplauso largo, de esos que empiezan abajo y terminan arriba.
Mariachis mujeres y la sombra de Selena
Uno de los cuadros más potentes de la noche fue, sin dudas, el dedicado a México. Una plataforma ascendió desde las entrañas del escenario y trajo consigo a un conjunto de mariachis integrado exclusivamente por mujeres, algo que todavía no termina de normalizarse ni siquiera en el país del mariachi. Las instrumentistas, vestidas con el traje tradicional, acompañaron a Karol G en “Ese Hombre Es Malo” y, más adelante, en “Mamiii”, dos himnos del desamor festivo que las mexicanas suelen cantar con la misma devoción con que rezan un padrenuestro. Ver a una colombiana encabezando un bloque así, en un estadio de la liga de fútbol americano, habla de un presente musical donde las fronteras ya no existen en la grilla pero todavía pesan en los papeles, y eso es algo que el Estado, empezando por el colombiano y siguiendo por el mexicano, todavía no resolvió del todo para quienes cruzan esos límites con un micrófono en la mano.
La presencia de Selena Quintanilla atravesó toda la noche como un hilo rojo. Edward James Olmos, el actor que la interpretó como padre en la película de 1997, participó con videos narrados que conectaban los bloques y le daban al show una estructura casi cinematográfica. Más adelante, Karol G le rindió homenaje directo con “Alguien Que Te Amaba”, enfundada en un sombrero mexicano que la emparentaba, por un rato, con la reina del Tex-Mex. La operación fue clara: Selena como puente entre la Karol G de hoy y una genealogía latina que la cantora conoce de memoria y exhibe con orgullo.
Pirotecnia, guacamayos y un público que también cantó
La puesta fue, en sí misma, otro personaje de la noche. Hubo una escenografía de varios niveles inspirada en paisajes colombianos, collares LED repartidos entre los asistentes que se sincronizaban con cada canción, fuegos artificiales y cambios de vestuario que funcionaron como mojones en el relato. Para “Papasito”, la cantante apareció sobre un guacamayo gigante, una imagen tan delirante como efectiva; para “Tropicoqueta”, en cambio, salieron a la cancha bailarinas con abanicos, coreografías con bongós y maracas, y una coreografía que remitía directamente a la tradición caribe. Todo eso, claro, alimentó una pregunta que sobrevuela cada vez que un artista latino llena un estadio en Estados Unidos: cuánto de ese dinero vuelve, del surco a la góndola, a los pueblos que producen esa música y a los trabajadores que la hacen posible.
El tramo dedicado al disco No Me Arrepiento de Sentir Tanto abrió con una grabación íntima de la propia Karol G reflexionando sobre las emociones que deja una ruptura, y por un rato el MetLife se transformó en una confesión colectiva. En “Te Llevo To’”, los seguidores levantaron globos azules iluminados que habían traído como parte de una acción coordinada, y el estadio entero quedó teñido de un azul eléctrico que parecía pintado con aerógrafo. “Ahí” sonó con la participación grabada de Drake, lo que confirmó, una vez más, que la frontera entre lo en vivo y lo reproducido se ha vuelto, para bien o para mal, casi invisible en los grandes shows anglolatinos. La noche terminó con un recorrido por sus hits más convocantes: “Latina Foreva”, “Oki Doki”, “Tá OK”, “Qlona” y “S91” dejaron al estadio sin voz pero con el cuerpo entero, todavía, queriendo bailar.
- Karol G presentó en vivo por primera vez “BbY Wow” junto a Tainy, Judeline y Rusowsky en el MetLife Stadium.
- Un mariachi integrado solo por mujeres acompañó los bloques de “Ese Hombre Es Malo” y “Mamiii”.
- Edward James Olmos participó con videos narrados en homenaje a Selena Quintanilla, a quien Karol G también dedicó “Alguien Que Te Amaba”.
- La puesta incluyó guacamayo gigante para “Papasito”, collares LED sincronizados, pirotecnia y bailarinas con abanicos para “Tropicoqueta”.
- Elena Rose abrió la noche y el repertorio repasó distintas etapas de la artista, con cierre en “S91”.
- Queda pendiente, del lado de los Estados y de la industria, resolver cómo vuelve a los países de origen lo que sus artistas generan en escenarios como este.
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