La consulta que muchos varones postergan: cuándo empezar a controlar la próstata
Crece sin dar avisos y se lleva por delante a casi 400 mil hombres por año en el mundo. La clave está en saber a qué edad conviene sentarse a charlar con el médico, sobre todo si hay antecedentes familiares o mutaciones que elevan el riesgo. Una guía para entender por qué la detección temprana depende más de cada historia clínica que de los síntomas.
Lo primero que hay que entender cuando uno se cruza con un tema como este es que la próstata, ese órgano del que casi nadie habla hasta que algo empieza a fallar, suele dar señales cuando ya es tarde. Acomodo el café sobre la mesa, miro por la ventana y me acuerdo de lo que me dijo una vez un urólogo amigo, casi con resignación: el problema no es que no haya herramientas para detectarlo a tiempo, el problema es que los varones llegamos tarde a la consulta. Y la estadística le da la razón. Según las estimaciones de GLOBOCAN para 2022, ese año se diagnosticaron en el mundo 1.467.854 nuevos casos de cáncer de próstata y 397.430 personas murieron por esa causa. Representó el 7,3% de todos los tumores y fue el segundo más frecuente entre los hombres, con diferencias llamativas según la región del planeta que uno mire.
Acá arriba, donde el sol pega distinto y la siesta sigue siendo sagrada, todavía cuesta nombrar la palabra próstata sin hacer un rodeo. Pero los números son los números, y conviene prestarle atención a lo que dicen. La particularidad más traicionera de este tumor es que, cuando está localizado, crece en silencio. No avisa, no duele, no molesta. Recién cuando aparecen síntomas urinarios, óseos o de otro tipo, la enfermedad puede llevar años de evolución. Por eso la estrategia médica mundial se corrió de lugar: en lugar de esperar las primeras molestias, lo que se busca es identificar a quiénes les conviene empezar los controles antes de que el cuerpo hable.
Quiénes tienen más riesgo y por qué importa la edad
El primer factor que miran los especialistas es la edad, y no es un detalle menor: a medida que se suman años, sube la probabilidad de desarrollar la enfermedad. El segundo factor son los antecedentes familiares. Tener un padre, un hermano o un abuelo con diagnóstico de cáncer de próstata aumenta el riesgo, y mucho más si el familiar fue diagnosticado joven. Y hay un tercer elemento que se empezó a considerar con fuerza en los últimos años: la genética. Las mutaciones en el gen BRCA2, que suelen asociarse a ciertos cánceres de mama y de ovario en las mujeres, también pueden vincularse a tumores de próstata de comportamiento más agresivo en los varones. No es que todos los que tengan esa mutación vayan a enfermarse, pero la evidencia disponible sugiere que conviene tenerla presente a la hora de decidir cuándo empezar a controlarse.
Qué dicen las guías y a qué edad conviene hablar con el médico
Acá es donde la cosa se pone interesante, porque las recomendaciones no son iguales para todos. Para quienes tienen riesgo elevado —por antecedentes familiares directos o por mutaciones genéticas conocidas— la sugerencia de Mayo Clinic es que la conversación con el equipo de salud puede iniciarse entre los 40 y los 45 años. Para la población general, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos propone que los varones de entre 55 y 69 años tomen una decisión individual junto con un profesional, evaluando los posibles beneficios y limitaciones del análisis de antígeno prostático específico, más conocido como PSA. A partir de los 70, ese mismo organismo desaconseja el tamizaje sistemático, porque los riesgos de sobrediagnóstico empiezan a pesar más que los beneficios en muchos casos.
Cómo funciona el PSA y qué puede alterar el resultado
El PSA mide una proteína que está presente tanto en células prostáticas normales como en células malignas. Un número elevado no confirma cáncer —y vale aclararlo porque mucha gente se asusta apenas ve el resultado—, pero sí puede justificar estudios adicionales para entender qué está pasando. Lo que pocos saben es que ese análisis puede alterarse por cosas que nada tienen que ver con un tumor: un ejercicio físico intenso el día previo, una inflamación en la zona, una biopsia reciente o el uso de ciertos medicamentos como la finasterida o la dutasterida, que se indican para problemas de próstata pero también para la caída del cabello. Por eso, ante un valor anormal, la práctica más habitual es repetir la prueba antes de avanzar con otros estudios. Si el PSA se mantiene elevado, la evaluación puede incluir un examen físico, otros biomarcadores en sangre u orina y una resonancia magnética de próstata para identificar zonas sospechosas que requieran una biopsia.
Lo que se puede hacer hoy, mucho antes de la consulta
Mientras escribo esto pienso en Juan Carlos, un vecino de 52 años de La Quiaca con el que hablé la semana pasada por otro tema y que me terminó confesando, casi en voz baja, que nunca se había hecho un PSA. 'Mi viejo se murió de otra cosa, yo me siento bien, ¿para qué me voy a hacer sacar sangre si no me duele nada?', me dijo, con esa lógica tan argentina de arreglárselas con lo que hay. Le contesté lo que me parece que hay que repetir hasta que entre: la próstata no avisa, y el hecho de no tener síntomas no significa que esté todo bien. Conocer los antecedentes familiares, saber si hay mutaciones genéticas relevantes y sentarse a charlar con un médico antes de los 55 —o antes de los 45 si hay riesgo alto— es, hoy por hoy, la herramienta más concreta que existe para ganarle a un tumor que se lleva puesto a casi 400 mil hombres por año en el mundo. Como me dijo él al final, ya resignado a sacar turno: 'Bueno, si me tengo que cuidar, me cuido'. Y esa, más que ninguna estadística, es la frase que se lleva puesto el silencio.
