La deuda de las familias ya roza los 102 billones de pesos y la mora suma 22 meses sin freno
Un relevamiento privado muestra que uno de cada cuatro deudores arrastra al menos un saldo impago, con provincias del NNOO y la Patagonia en rojo y diferencias de hasta tres veces entre el promedio más alto y el más bajo del país.
Necesito sentarme frente al informe de EcoGo y la Universidad Austral como me siento siempre que aparece un número que se lee como si fuera técnico pero golpea como si fuera cotidiano: la deuda de las familias argentinas trepó en agosto a 101,9 billones de pesos, es decir, casi 102 billones, y la mora, que es la palabra elegante para nombrar a los pagos que se caen, encadenó su vigésimo segundo mes consecutivo en suba. No es un dato aislado: es la foto de una economía que se sigue financiando con tarjeta y con cuotas, mientras una porción cada vez mayor de esos compromisos entra en irregularidad.
Voy por partes porque los promedios nacionales, en este tema, engañan más de lo que explican. La deuda promedio por persona se ubica en 4,9 millones de pesos, un número que suena enorme y que, mirado de cerca, sigue escondiendo una Argentina partida en dos. En el extremo más alto aparece Tierra del Fuego, con 8,6 millones por deudor, escoltada por la Ciudad de Buenos Aires (7,2 millones) y por Neuquén y Santa Cruz (6,9 millones cada una). En el otro extremo, Formosa registra apenas 2,9 millones, seguida por Santiago del Estero (3 millones) y por Misiones y San Juan (3,3 millones). La diferencia entre la provincia más endeudada y la menos endeudada triplica el promedio y revela algo que los reportes macro suelen dejar de lado: la decisión de tomar crédito depende tanto del ingreso disponible como del lugar del mapa donde a uno le tocó vivir.
La mora ya alcanza al 27% de los deudores
Ahora bien, lo que más preocupa no es cuánto se adeuda sino cuántos ya no están cumpliendo. El informe señala que el 27% de las personas con deuda tenía al menos un saldo irregular en agosto, una proporción que creció 0,3 puntos en el mes y 8 puntos en el último año, lo que confirma que la irregularidad en los pagos no afloja, se profundiza. En términos de montos, la mora alcanza el 18,4% del crédito total informado, con una suba mensual de 0,3 puntos y una acumulada en doce meses de 9,8 puntos, una cifra que describe, sin necesidad de adjetivos, el deterioro de la capacidad de pago de los hogares.
“Cuando el 27% de los deudores tiene al menos un saldo impago, la pregunta deja de ser si el crédito funciona y pasa a ser cuántos van a quedar afuera del sistema.”Informe de EcoGo y Universidad Austral
El mapa provincial de la irregularidad
- La Rioja, con 26,2% de mora, se ubica en el primer lugar del ranking nacional.
- Santa Cruz y San Luis la siguen muy de cerca, con 24,2% cada una.
- Catamarca alcanza 23,4% y San Juan 22,6%, lo que coloca a cinco provincias del NNOO y la Patagonia en el podio de la irregularidad.
- En el extremo opuesto, La Pampa muestra la mora más baja del país, 9,6%, seguida por la Ciudad de Buenos Aires (12,5%), Entre Ríos (14,5%) y Córdoba (15,1%).
Fintech versus bancos: dos mundos, una misma mora en alza
Me detengo en un punto que el reporte subraya y que, a mi entender, es de los más sensibles para los lectores. Los proveedores no financieros de crédito, categoría en la que entran las fintech, registran una mora del 31,7%, casi el doble que el 16,1% del sistema financiero tradicional. Las fintech concentran el 14,8% del crédito, unos 15 billones de pesos, mientras que bancos y financieras tradicionales reúnen el 85,2% restante, equivalente a 86,8 billones. El dato sirve para dimensionar un cambio silencioso: las plataformas digitales prestan más rápido y llegan adonde los bancos no llegan, pero también cobran más caro el incumplimiento, y el incumplimiento, justamente, se multiplica.
Qué falta resolver
El Estado todavía no resolvió una discusión de fondo que este informe deja planteada de manera incómoda: si la mora sigue creciendo veintidós meses seguidos y uno de cada cuatro deudores tiene al menos un saldo en rojo, el crédito deja de ser un instrumento de inclusión y empieza a funcionar como una trampa para los sectores que más lo necesitan. La mora operativa, aquella que excluye a los créditos ya declarados irrecuperables, se ubica en 10,6% de la cartera y muestra una leve mejora, pero los préstamos considerados irrecuperables representan 7,8% del total, una mochila que el sistema financiero arrastra y que tarde o temprano termina trasladando a tasas más altas para todos. Lo que aún no se resolvió es cómo se reconcilia la promesa del crédito como herramienta de movilidad social con una morosidad que, lejos de corregirse, se expande mes tras mes, del surco a la góndola y, en este caso, de la primera cuota a la mora final.
