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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La momia de 1999: cuando Brendan Fraser y Rachel Weisz desenterraron una saga que todavía se recuerda

A más de dos décadas de su estreno, la película de Stephen Sommers sigue siendo una referencia del cine de aventuras con toque sobrenatural. Aquí, un repaso por la trilogía que arrancó en las arenas de Egipto y se extendió hasta 2008.

Por Norma SeguraVitivinicultura y campo · · hace 10 d
La momia de 1999: cuando Brendan Fraser y Rachel Weisz desenterraron una saga que todavía se recuerda

Desde su lugar en la redacción, en una tarde en la que el cielo se muestra cubierto y la amenaza de lluvia se cierne sobre los viñedos y los lotes hortícolas del sur mendocino, donde la humedad relativa empieza a preocupar a los productores porque favorece la aparición de mildiu en las hojas más tiernas, me siento a escribir sobre una historia muy distinta a la del campo, pero que también tiene que ver con volver a la vida y con las cosas que no se terminan de cerrar del todo. Me refiero a La momia, la película que en 1999 trajo de regreso al monstruo clásico de Universal bajo la dirección de Stephen Sommers, con Brendan Fraser y Rachel Weisz como protagonistas.

Del libro de Egipto a la pantalla grande

La historia empieza como empiezan muchas aventuras del cine: con una expedición a unas ruinas egipcias. Rick O'Connell, un aventurero interpretado por Fraser, y Evelyn Carnahan, una egiptóloga encarnada por Weisz, llegan a Hamunaptra con la expectativa de encontrar vestigios desconocidos. Lo que hallan es la tumba de Imhotep, un sacerdote sobre el que pesa una antigua maldición. Su regreso como momia transforma la exploración en un enfrentamiento con un peligro que, como advierte la propia trama, no se queda en el desierto ni en la arqueología: alcanza al mundo entero. Es el mismo recorrido que, del surco a la góndola, tantas veces vemos en otras industrias: lo que parece un descubrimiento controlado termina escapándosele de las manos a quienes lo provocaron.

Sommers recuperó a un personaje de larga data en la historia del cine de monstruos y lo reubicó dentro de una película pensada para la aventura. El terror está, porque la maldición y la propia figura de Imhotep lo imponen, pero convive con secuencias de acción y con el vínculo romántico entre Rick y Evelyn, que funciona como uno de los motores centrales del relato. Esa mezcla de géneros es, a la vez, la principal fortaleza del filme y la clave de su continuidad.

  • La momia (1999): la entrega original, dirigida por Stephen Sommers, que presenta a Rick y Evelyn y establece el cruce entre aventura, terror y romance a partir del despertar de Imhotep.
  • El regreso de la momia (2001): la secuela inmediata, con Sommers otra vez en la dirección, que reincorpora al villano y profundiza el universo de la saga.
  • La momia: La tumba del emperador Dragón (2008): el cierre de la etapa, con un cambio de elenco en los papeles principales y un desplazamiento de la acción hacia el Extremo Oriente.

Entre sus referencias más evidentes aparece el cine de Indiana Jones, sobre todo por la combinación de exploración, riesgos físicos y romance. En La momia, esa combinación se articula alrededor de dos personajes con perfiles muy diferentes: un hombre de acción que conoce el terreno y una especialista en el antiguo Egipto que traduce lo que él desentierra. Sus saberes confluyen ante el hallazgo que pone en marcha el conflicto y, en buena medida, la dinámica entre ambos es lo que sostiene las casi dos horas de película.

“Es una de esas sagas que uno vuelve a ver cuando la de la tarde acompaña, con la misma sensación de saber qué va a pasar y, sin embargo, quedarse hasta el final.”Norma Segura, desde la redacción de Vitivinicultura y campo

Como lectora y espectadora de entre cuarenta y sesenta años, me interesa destacar algo que esta trilogía comparte con tantas historias que atraviesan generaciones: la decisión de no abandonar del todo a sus personajes. Rick y Evelyn, el propio Imhotep, el contexto de Hamunaptra como ciudad prohibida: todo vuelve, se reescribe o se resignifica a lo largo de las tres entregas. Es un trabajo de continuidad que, en otros rubros, todavía esperamos de quienes gestionan lo público, porque las cosas que se hacen a medias, igual que las maldiciones de la ficción, terminan volviendo.

Para quien quiera acercarse a la saga, la entrega de 1999 sigue siendo la puerta de entrada obligada: allí se presentan los protagonistas, se establece el cruce de géneros que define esta versión del personaje y se planta la semilla de los conflictos que las películas siguientes van a desarrollar. Y, ya que la pregunta queda flotando, la dejo dirigida a ustedes, lectores: ¿qué lugar ocupa La momia entre las películas de aventuras que volverían a ver en una tarde de cielo cerrado y agenda abierta?

NS
Norma SeguraVitivinicultura y campo

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