Mario Boskis y el mapa de los cuidados para llegar bien a los años largos: vínculos, vacunas y un propósito que despierte cada mañana
El cardiólogo repasó las claves para envejecer con salud: mantener amigos, familia y actividades, y extremar las precauciones frente a los virus respiratorios que circulan con el frío. También insistió con la vacunación, el lavado de manos y el barbijo cuando aparecen síntomas.
La luz de la mañana entra por la ventana y, para muchos adultos mayores, el día empieza con una pregunta que parece simple pero pesa: ¿a quién llamo hoy, dónde me esperan, qué actividad tengo en la agenda? El cardiólogo Mario Boskis suele decir que esa pequeña rutina, esa madeja de vínculos y ocupaciones, tiene tanto peso en la salud como cualquier comprimido que se tome a la mañana. Y lo explica con una idea que repite en cada consulta y en cada entrevista: envejecer bien, llegar a los años largos con el cuerpo entero y la cabeza despierta, depende en buena medida de sostener un propósito y de no quedarse solo.
Vínculos que estiran la vida
En diálogo con este portal, Boskis vinculó el llamado propósito de vida con el concepto japonés de ikigai, esa noción que cruza lo que a uno le gusta, lo que se le da bien, lo que el mundo necesita y aquello por lo que alguien está dispuesto a ser pago. Lejos de quedarse en la teoría, el especialista lo traduce a la mesa del living: conservar ocupaciones, mantener las amistades, seguir hablando con los hijos y los nietos, tener un motivo para levantarse. Para Boskis, ese entramado ayuda a evitar el aislamiento, uno de los enemigos silenciosos de la vejez. La posibilidad de continuar con una actividad depende de lo que permita el cuerpo, aclaró, y la edad por sí sola no debería empujar a abandonar lo que genera bienestar.
En las ciudades del norte argentino, donde el invierno se siente con crudeza y las veredas se vuelven más solitarias, esa advertencia suele resonar con más fuerza. Acá arriba, como le dicen los que viven en las provincias cordilleranas, el frío no solo cierra las puertas: también corta los encuentros, aleja a los vecinos, detiene las caminatas. Por eso los médicos insisten en que mantener los vínculos no es un consejo simpático sino una herramienta clínica, casi un medicamento sin receta.
Los cuidados frente a los virus respiratorios
Ahora bien, salir y encontrarse con otros no alcanza si no se contempla lo que el propio Boskis describe como el otro frente de la longevidad: la prevención de las infecciones respiratorias, que en los meses fríos circulan con mayor intensidad y aprovechan los ambientes cerrados para pasar de una persona a otra. Para el cardiólogo, cuidarse también supone proteger a los demás. Y enumera tres hábitos que recomienda incorporar a la rutina diaria:
- Usar barbijo ante síntomas respiratorios, para reducir la posibilidad de transmitir la enfermedad a quienes están cerca.
- Lavarse las manos al llegar a casa o al trabajo y antes de comer, ya que los virus y bacterias se transmiten también por el contacto con superficies.
- Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas correspondientes, porque es el profesional quien conoce los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente y puede indicar qué protección corresponde en cada caso.
Vacunas: la conversación pendiente con el médico
Boskis mencionó especialmente las vacunas contra la gripe y la neumonía, así como la protección frente al virus sincicial respiratorio, un patógeno que en los últimos años ganó protagonismo en las guardias y en los consultorios. La orientación, insistió, debe partir siempre del médico de cabecera. Cada persona tiene un historial distinto, enfermedades previas, medicación crónica, y por eso la decisión de qué vacuna aplicarse y cuándo no puede tomarse en abstracto ni copiando la receta del vecino.
Aclaró además que las bajas temperaturas, tan temidas en el norte argentino, no causan infecciones por sí mismas: una gripe o una neumonía necesitan la presencia de un virus o una bacteria. Lo que sí hace el frío, según explicó, es disminuir el movimiento de las cilias, esos pequeños filamentos que tapizan las vías respiratorias y ayudan a retirar secreciones. Cuando ese mecanismo se enlentece, el cuerpo pierde una de sus defensas naturales y se vuelve más vulnerable.
En la recorrida por los temas, quedó flotando una idea que Boskis repite a sus pacientes y que los lectores de este portal suelen llevarse anotada en un papel: la vejez no es una enfermedad, sino una etapa que se atraviesa mejor cuando hay motivos para salir de la cama, manos amigas a las que llamar y un médico de cabecera que conoce la historia clínica de cada uno. Esa combinación, tan sencilla como exigente, es la que puede hacer la diferencia entre envejecer esperando y envejecer viviendo.
“La edad por sí sola no debería llevar a abandonar aquello que genera bienestar; mientras el cuerpo lo permita, conviene seguir saliendo, encontrarse con otros y tener un propósito que ordene la semana.”Mario Boskis, cardiólogo
