Mirtha Legrand, 99 años y la espera larga: completó los antibióticos y aún no hay fecha de regreso a su casa
La conductora transita una segunda internación en menos de un mes en el sanatorio Mater Dei. Juana Viale sigue al frente de la mesa y cuenta que su abuela mira la pantalla desde la clínica. El Estado, otra vez, ausente en el debate que esta historia reabre.
Volví a recorrer los pasillos de la información con la misma sensación que deja un septiembre húmedo y cambiante sobre los viñedos de Mendoza: un día parece que el sol ordena la fila y al siguiente aparece la amenaza de helada tardía que obliga a volver a la finca. Eso me pasó cuando leí el parte del sanatorio Mater Dei del lunes 28 de septiembre: Mirtha Legrand completó el tratamiento con antibióticos, evoluciona favorablemente de su cuadro respiratorio y, sin embargo, sigue internada. La palabra clave, para mí, es esa: sigue. No hubo alta, no hubo regreso al departamento de la avenida Libertador, no hubo vuelta a la mesa. La firma del parte lleva el nombre y apellido del director médico Enrique Echagüe, que además agradeció las muestras de afecto recibidas y adelantó que, si no aparecen cambios, la próxima actualización recién llegará el miércoles.
Lo que se sabe hasta ahora es lo que cuentan los partes y lo que la propia familia dejó trascender. Mirtha, de 99 años, está acompañada por los suyos, fundamentalmente su hija Marcela Tinayre, sus nietos Juana y Nacho Viale y su bisnieta Ámbar de Benedictis, que no se han despegado del sanatorio desde que la conductora reingresó el 18 de septiembre por un cuadro compatible con neumopatía y dificultades respiratorias. Antes de eso, la diva había pasado varios días en el mismo centro de salud por una gripe que derivó en bronquitis, recibió el alta el 13 de septiembre, intentó hacer pie en su casa y, cinco días más tarde, tuvo que volver. Es decir: dos ingresos en menos de un mes, una advertencia del cuerpo que el entorno lee con lupa y un equipo médico que, con prudencia, prefiere hablar de mejoría antes que de regreso.
La mesa sin Mirtha: cómo se reorganiza el formato
Mientras tanto, del otro lado de la pantalla, la rutina manda. Juana Viale tomó las riendas tanto de los almuerzos dominicales como de La Noche de Mirtha y, según contó ella misma al aire, mantiene con su abuela un ida y vuelta que ya es marca registrada de esta familia: la paciente mirando desde la clínica, la nieta conduciendo, y un diálogo a distancia sobre cómo salen los programas. “La abuela está mejorando muy bien”, dijo Juana, con ese tono entre alivio y responsabilidad que se le nota en cada emisión. La última vez que Mirtha se sentó a la cabecera de la mesa fue el 29 de agosto, un dato que a los televidentes de toda la vida les pesa como pesa en el surco el rastro que deja la última helada.
“La abuela está mejorando muy bien.”Juana Viale, en la apertura de su programa
- El parte del 25 de septiembre destacó que Legrand incrementó la actividad física con el equipo de kinesiología.
- El sanatorio reiteró que la conductora seguirá hospitalizada hasta completar la recuperación y retomar sus actividades cotidianas.
- La familia mantiene un contacto permanente con los médicos y acompaña a Mirtha en el sanatorio.
- Juana Viale conduce tanto La Noche de Mirtha como los almuerzos de los domingos.
- No hay fecha estimada de alta: la próxima comunicación oficial se espera para el miércoles.
Del surco a la góndola: lo que esta internación deja a la vista
A mí, que vengo del campo y de la vitivinicultura, me cuesta no mirar esta historia con ojos de cosecha. Cuando una planta muestra signos de estrés en setiembre, no podés apurar la vendimia ni inventarte los grados Brix: lo que hacés es esperar, acompañar con riego y nutrición, y dejar que el ciclo se complete a su tiempo. Lo mismo pide hoy el cuerpo de Mirtha Legrand, con 99 años a cuesta y dos peleas consecutivas contra la neumopatía y la bronquitis. Pero, del mismo modo que en el campo uno ve cómo las heladas tardías golpean más fuerte donde el Estado abandonó los caminos y los seguros, esta internación vuelve a poner sobre la mesa una discusión que en la Argentina se evade cada vez que se puede: cómo se cuida a los mayores de ochenta, qué lugar ocupan en el sistema de salud, qué protocolos siguen los centros privados cuando un paciente nonagenario atraviesa dos cuadros respiratorios en menos de treinta días, y por qué la vejez parece ser todavía, para la política pública, una categoría residual.
Lo escribo con la misma cercanía con la que un productor de San Rafael, Martín, me cuenta por radio cada vez que lo llamo cómo le fue con la última tormenta: a veces las cosas se acomodan solas y a veces hay que pedir que alguien, del otro lado del mostrón, se haga cargo. Mirtha, por ahora, se está recuperando. La familia, conteniendo. Juana, sosteniendo la marca. Y el Estado, otra vez, sin aparecer con respuestas concretas para un país que envejece a pasos agigantados y que, del surco a la góndola, sigue sin tener un plan serio para sus viejos. La próxima palabra la tendrá el parte del miércoles.
