Mover el cuerpo también puede mover la libido: lo que dice una especialista sobre ejercicio y vida sexual
Una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico explica cómo empezar de a poco, por qué no todo entrenamiento es positivo y qué señales conviene atender antes de sumar rutinas.
Desde algún pueblo del norte argentino, donde el sol cae a plomo sobre la vereda y la siesta se estira como promesa, me llegó la voz de una especialista que se dedica a algo que todavía suena a taboo: el suelo pélvico. Erika Lydon, fisioterapeuta, repite una frase que parece de manual pero que muchos todavía esquivan: empezar por algo que se pueda sostener. Quince minutos de caminata, una caminata que no exija heroicidades, ya es un punto de partida. A partir de ahí, la idea es ir subiendo la exigencia de a poco, sin apurarse, como quien aprende a quererse antes de exigirse demasiado.
La consulta de Lydon, aclaremos, no es un consultorio mágico. Como referencia general para la mayoría de las personas adultas, ella menciona la pauta clásica: 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado por semana o 75 minutos de actividad intensa, sumados a dos jornadas de fuerza. Sirve para la salud del corazón, para los huesos, para el ánimo. Pero no es una receta para el bajo deseo ni garantiza que algo cambie en la cama. Cada cuerpo tiene su historia, y el estado emocional de cada uno pesa tanto como las series de abdominales.
Antes de cualquier rutina, atender lo que molesta
La especialista es clara cuando le pregunto por dónde empezar: si hay dolor, si hay preocupación por el desempeño sexual, lo primero es consultar a un profesional de la salud o a un fisioterapeuta de suelo pélvico. Esa musculatura, explica, sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse. A veces, insiste, conviene dejarla en paz.
- Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros, advirtió la especialista.
- Si los músculos del suelo pélvico permanecen contraídos o tienen dificultades para relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas.
- Entrenar demasiado, sin alimentarse adecuadamente ni recuperarse lo suficiente, puede afectar el deseo sexual, según Lydon.
- Antes de sumar ejercicios específicos conviene consultar si hay dolor o molestias que merecen atención profesional.
Por qué moverse puede sumar (y por qué abusar resta)
Lydon enumera los mecanismos que, según su lectura, explican por qué la actividad física puede colaborar con la vida sexual. El primero es casi de manual: la circulación. El trabajo aeróbico cuida el corazón y los vasos sanguíneos, y facilita que la sangre llegue a los órganos sexuales. Ese flujo, dice, interviene en la erección y puede contribuir con la excitación y la función sexual femenina. Segundo mecanismo, el descanso y el estrés. La tensión acumulada puede apagar el interés sexual, mientras que el ejercicio, bien dosificado, ayuda a mejorar el ánimo y a relajarse. Tercero, el entrenamiento de fuerza, que puede colaborar con procesos vinculados a la energía, al estrés y al equilibrio hormonal.
Eso sí: los resultados no llegan todos al mismo tiempo. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede ocurrir antes que otros cambios. Y acá arriba, donde la rutina se mide en siestas y en cosechas, el mensaje de fondo que deja la especialista es uno bien criollo: constancia antes que sacrificio. 'Si elegís algo que te gusta y que podés sostener, los beneficios van a llegar, incluido el de pasarla mejor con la pareja', resumió Erika Lydon en la charla.
