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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Un influencer se subió a la jaula con un robot humanoide en San Francisco y terminó con la mano rota y una multa en la puerta

La pelea fue organizada por una startup californiana que ya avisó que va por más: el próximo evento, lejos de amilanarse, lo anuncia como una victoria frente a los reguladores.

Por Damián ChayleSociedad y vida cotidiana · · hace 7 d
Un influencer se subió a la jaula con un robot humanoide en San Francisco y terminó con la mano rota y una multa en la puerta

El sol pegaba de lleno sobre la bahía y la jaula octogonal se montó en una de esas naves industriales del sur de San Francisco donde antes funcionaban talleres y ahora se arman experiencias que mezclan tecnología, marketing y un toque de delirio. Adentro, un robot humanoide de 1,83 metros, con estructura de acero y la quietud propia de una cosa que todavía no terminó de aprender a moverse del todo, esperaba a su rival: Frankie LaPenna, un influencer de 1,65 metros que llegó con casco y protecciones, decididos a subirse al ring con una pila de metal y sus propios puños.

Tres combates, una mano lastimada y la sensación de que la máquina no se caía nunca

Lo que pasó el 18 de septiembre dentro de esa jaula fue, por decirlo de alguna manera, una pelea tal cual: puñetazos reales, piñas reales contra un armazón metálico real, y caídas que también fueron reales, tanto del humano como del androide. Lo contaba después, todavía con la mano vendada, un vecino de nombre Roberto desde la comuna de Chimbas, que siguió la transmisión por streaming: Mira, al pibe se lo notaba entero, con ganas, y le metía con todo, pero el robot se volvía a parar en dos segundos y seguía como si nada, como si le hubieras pegado a un poste de luz. LaPenna firmó antes de subir una exención que liberaba a la organización de toda responsabilidad, muerte incluida, y se fue lesionado después de derribar a sus rivales en más de una oportunidad.

Acá arriba, lejos del ruido de la costa oeste, uno escucha estas noticias y piensa en cómo se cruzan hoy las cosas: la moda de los eventos virales, la tecnología que se prueba como espectáculo y las regulaciones que siempre llegan tarde. La organización del evento se llama REK, siglas de Robot Entertainment Kombat, y se presenta a sí misma como una liga de combate con humanoides. Su lema, bien gráfico, reza robots reales, combate real. Cada era manejado a distancia por un piloto humano con un visor de realidad virtual, un mecanismo comparable al de los drones profesionales: el piloto mueve la cabeza, el cuerpo de acero repite el gesto.

La pelea con la Comisión Atlética de California

Lo que empezó como un show para unas cien personas se transformó, en cuestión de horas, en un problema legal. La Comisión Atlética del Estado de California, que es el organismo que regula el boxeo, el kickboxing y las artes marciales mixtas en ese estado, le mandó a REK una carta de cese y desistimiento. En ese documento dejó por escrito dos cosas muy concretas: por un lado, que cualquier combate que involucre a un ser humano en California necesita autorización previa; por el otro, que promover o participar de un evento sin ese permiso constituye un delito menor.

La respuesta del CEO de REK, Cix Liv, fue de esas que uno imagina con una sonrisa de oreja a oreja. Publicó en sus redes un mensaje breve y festejante: Lo logramos, muchachos. Y después salió a explicarlo con un razonamiento legal que, como mínimo, hay que admitir que tiene su lógica interna. Según su lectura, la normativa californiana define un combate como un enfrentamiento entre dos personas, y como su rival es un robot y no una persona, entonces no hace falta pedir permiso. La comisión, mientras tanto, avisó que va a estar atenta al avance de la tecnología para actualizar las reglas cuando haga falta.

“Lo logramos, muchachos.”Cix Liv, CEO de REK, al recibir la intimación de la Comisión Atlética de California
DC
Damián ChayleSociedad y vida cotidiana

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