Una propuesta que se metió de lleno en la despedida de gira de Ángela Torres
Cata Ponce y Hernán Erbetta eligieron la platea de un show en Santa Fe para dar el paso, sin sospechar que la letra de "Vértigo" iba a envolver la escena ni que la propia cantante se iba a enterar horas después, ya fuera del escenario.
Aquella noche en Santa Fe el aire todavía pesaba con la humedad que dejó la última tormenta y el público, lejos de pensar en el clima, se apretujaba en la platea con la expectativa de quien sabe que está viendo el último capítulo de una gira. Yo estaba ahí, entre la gente, cuando advertí que algo se movía distinto a un costado: un hombre sacaba una pequeña caja del bolsillo y, casi sin dar tiempo a que nadie terminara de entender lo que estaba pasando, se arrodillaba delante de su pareja mientras en el escenario Ángela Torres entonaba los primeros versos de "Vértigo". Lo que siguió fue un silencio breve, una exclamación ahogada y un abrazo que duró lo que dura un estribillo, el tiempo exacto que separa el instante en que la vida cambia de signo y el momento en que uno todavía está procesando lo que acaba de ocurrir.
Del surco a la góndola, de la platea al altar
La escena, que a simple vista parece un detalle menor dentro de una noche de música, terminó recorriendo un camino que la llevó de la platea santafesina a las pantallas de miles de personas en cuestión de horas. Cata Ponce fue la primera en publicar el registro en sus redes, con un mensaje dirigido a Hernán Erbetta en el que lo definió como "lo mejor que me pasó en la vida" y describió la propuesta como "la propuesta de compromiso más mágica del mundo". En su propio posteo, Hernán eligió una fórmula breve y contundente: "Aguante el amor, es la cosa más poderosa que nos queda", una frase que, sin saberlo todavía, iba a cruzarse de manera exacta con la letra de la canción que sonaba de fondo.
“Estoy llorando, no puedo creerlo. La historia que estoy por subir a continuación me destruyó.”Ángela Torres, en sus historias de Instagram
Lo más llamativo de la jornada fue lo que ocurrió fuera del escenario, ya con la música apagada y la gente empezando a dispersarse. Ángela Torres, que no había percibido absolutamente nada mientras cantaba, se enteró del compromiso al revisar su teléfono después del show. Lo que encontró la dejó sin palabras: el video se había multiplicado en Instagram, los comentarios se acumulaban y hasta sus propios fans le preguntaban si había visto lo que había pasado a metros de ella. La cantante reaccionó con la inmediatez que suele tener con su público: subió el clip a sus historias, dijo estar "muerta de amor", celebró el gesto de Hernán con un "¿cómo la mira?" dirigido a la y reposteó la publicación original para darle todavía más impulso.
Lo que el Estado todavía no resolvió
Mientras en las redes el video se llenaba de reproducciones y los posteos de la pareja cosechaban mensajes de aliento, quedaba flotando una sensación que va más allá de la postal bonita: la de que este tipo de escenas, las que se construyen sin aviso en medio de un recital, terminan siendo las que un show recuerda de verdad. En paralelo, y sin que tenga que ver con esta historia en particular, uno vuelve a pensar en la cantidad de cosas que en este país siguen sin resolverse desde lo público: la economía de los artistas emergentes, la infraestructura de los teatros del interior, el financiamiento de las giras que hoy dependen casi exclusivamente de la voluntad privada. La escena de Cata y Hernán fue perfecta, pero también fue posible porque alguien, en algún lugar, decidió que la música en vivo todavía vale la pena. Falta que el Estado termine de entenderlo de la misma manera.
