Volver a las tablas con el bolsillo ajeno: "Digger", la nueva pulseada de Iñárritu
Tom Cruise encarna a un director que acepta el dinero de un magnate para salvar a su hija en una película que se mira en "Birdman" pero se anima a ser más filosa. Crónica de un regreso incómodo al teatro y al cinismo de la industria.
Me acomodé en la butaca con la expectativa de reencontrarme con un viejo conocido: ese mundo de bambalinas, egos y funciones a sala llena que Alejandro González Iñárritu había retratado como nadie en "Birdman". Pero "Digger" no es la secuela disfrazada que algunos imaginaban. Es, en todo caso, la versión más agria de aquella película: la misma puesta en escena, el mismo temblor de los artistas antes de subir a escena, pero con un espejo que devuelve una imagen que incomoda.
La historia sigue a un director teatral, al que Cruise le pone el cuerpo y la voz, que recibe el apoyo económico de un magnate para montar su obra. El objetivo personal es noble y urgente: rescatar a su hija de una encerrona que el propio círculo de poder ayudó a cocinar. La trampa, claro, es que para denunciar a ese mundo necesita vivir dentro de él. Y ahí se cocina la tensión que sostiene toda la película.
El teatro como campo de batalla
Iñárritu vuelve a poner la cámara en los pasillos, los camarines y el escenario, y se nota que conoce el oficio. Se escuchan las tablas crujir, se ve el sudor del actor en el instante previo a salir a escena, se percibe el rumor del público acomodándose. En esa textura está parte del encanto: el cine recupera la inmediatez del vivo, lo imprevisible del cuerpo en movimiento. La sala que yo compartí respondió con risas en los momentos justos y un silencio espeso cuando la película dejó de hacer chistes.
- Elenco encabezado por Tom Cruise, en un papel que le exige mostrar las costuras de su estrella.
- Un magnate como mecenas que condiciona cada decisión artística sin levantar la voz.
- Un montaje que recupera la energía del falso plano secuencia sin atarse a él.
- Un final que esquiva el abrazo complaciente y deja al espectador con sabor a derrota.
El director mexicano sabe que ahí afuera el aplauso se compra y se vende, y la película lo dice sin levantar el dedo. La catarsis del espectador que festeja la caída simbólica de un magnate en la ficción no se traslada a la vida real: en la calle, el poder sigue intacto. Esa idea, que ya estaba latente en "Birdman", acá se vuelve el centro de la propuesta y la vuelve más áspera, menos amable con el público.
“Yo no quería hacer una película que celebrara el arte por encima de todo. Quería mostrar lo que pasa cuando el arte necesita pedirle plata al mismo sistema que dice criticar.”Alejandro González Iñárritu
En lo personal, salí de la función con la sensación de haber visto una película adulta, que no le regala nada a nadie y que, justamente por eso, se juega entero. La apuesta es arriesgada de cara a la temporada de premios, donde suele premiarse el confort. Pero si hay algo que pueda torcer ese cálculo es la presencia de Cruise en estado de gracia: cuando el actor se permite dudar en pantalla, la película entera respira mejor.
Habrá que estar atentos al calendario: la próxima función, en el sentido cinematográfico, se verá en las salas y en la conversación de premios que se viene. Mientras tanto, "Digger" deja una pregunta incómoda dando vueltas: si el cine necesita del dinero que dice denunciar, qué lugar le queda a la crítica. Yo, por ahora, sigo masticándola.
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