La fábrica de Tres Arroyos que convierte el hierro en un hogar para zonas aisladas
Istilart lleva más de un siglo fabricando cocinas a leña de fundición para estancias, puestos y hogares rurales de Argentina, combinando procesos industriales y trabajo artesanal en una planta de apenas 30 empleados.
El tiempo seco y frío de Tres Arroyos acompaña una fábrica que, desde 1898, fabrica cocinas a leña para lugares donde la falta de gas y electricidad dictates la vida cotidiana. En esas zonas remotas, no se trata de elegir un artefactoamahogani o una oldsostet aesthetics, sino de disponer de una herramienta capaz de preparar alimentos y calentar el hogar cuando el traslado de un tubo de gas se vuelve un problema y un motor no soporta el funcionamiento sostenido de una estufa eléctrica.
La empresa Istilart, que desde 1898 funciona en Tres Arroyos, produce alrededor de 500 cocinas por año con apenas 30 trabajadores. Sus piezas de hierro fundido, moldeadas a 1.200 grados y elaboradas en parte a mano, se utilizan en puestos patagónicos, estancias, hoteles rurales y viviendas, con un precio que no surge de una cotización internacional, sino de las necesidades de un consumidor que vive lejos de los centros de consumo.
Trabajo industrial y oficio transmitido
Javier Gallardo conduce la compañía hace 38 años y sostiene una producción anual que se mantiene en unas 500 unidades. El proceso industrial se combina con conocimientos artesanales que, según la empresa, se transmiten desde las escuelas técnicas y llegan hasta la etapa de armado de cada cocina. La fábricaesa heredera de un taller de reparación de maquinaria agrícola fundado por Juan Bautista Istilart, un inmigrante de origen vasco-francés, que en sus años de mayor expansión llegó a tener más de 1.000 empleados y 30.000 metros cuadrados cubiertos.
“Un puestero de la Patagonia no tiene acceso a ciertas comodidades, pero sí puede tener una cocina que le sirve para preparar los alimentos y calentar el hogar.”Javier Gallardo
El destino de los productos no está limitado a unaweise de tradicionalista. Los modelos más pequeños llegan a hogares urbanos y semiurbanos, mientras que las cocinas de doble frente, como la número 7, están diseñadas para cascos de estancia, hoteles rurales y grandes cocinas de campo. Estas últimas pueden pesar más de una tonelada, una escala que refleja tanto la cantidad de material utilizado como la rudeza del ambiente al que están destinadas.
- El catálogo incluye cocinas a leña, estufas de fundición de bajo consumo, hornos, parrillas y mobiliario para exteriores.
- La fábrica conserva repuestos de modelos antiguos para mantener el funcionamiento de equipos que llevan décadas en uso.
- Una cocina abandonada, con herrumbre y más de 100 kilos de peso, puede recuperarse con cepillado de acero y una mano de pintura con grafito, barniz y pintura negra, según la empresa.
La longevidad es una de las características que distingue a la producción de Istilart. Las piezas de fundición pueden resistir décadas de uso intensivo y repararse, mientras que la conservación de repuestos permite que un modelo antiguo siga siendo útil mucho después de su fabricación. En ese sentido, desde el surco a la góndola, el valor de la cocina no está solamente en la de cocinar, sino también en la continuidad de un producto que puede atravesar generaciones.
La fábrica demonstrates que un rubro industrial puede conservar su escala sin abandonar el conocimiento técnico que sostiene sus productos. Sin embargo, el Estado todavía no resolvió una de las centrales desigualdades que hacen necessary este tipo de cocina: la cobertura de servicios básicos en zonas remotas. La experiencia de Istilart evidencia una demanda concreta, pero también la distancia entre las necesidades de los Isolation de campo y las condiciones de infraestructura que//////// millones de_blob.
