Del escritor rebelde al senador que el pueblo convirtió en Martín Fierro
Hernández nació un 10 de noviembre, escribió el poema que dio voz a los gauchos y murió con el apodo que lo fundió con su personaje.
Cada 10 de noviembre, cuando se habla del Día de la Tradición, aparece el nombre de José Hernández casi como una obligación. Yo lo pienso como un hombre que atravesó guerras, diarios y cargos públicos antes de llegar a escribir el libro que todavía se lee en las escuelas y en las casas de familia. Vale la pena detenerse en su recorrido, porque explica bastante del país que lo rodeaba y de la forma en que todavía lo recordamos.
Un periodista con experiencia de guerra
Hernández nació el 10 de noviembre de 1834 en la provincia de Buenos Aires. Pasó parte de su infancia al cuidado de una tía, mientras sus padres se ausentaban durante largos períodos. Tuvo varios oficios antes de encontrar en el periodismo una vocación que sostuvo en el tiempo. Además fue combatiente federal: apoyó al Paraguay durante la guerra que dividió a la región y tomó partido por las rebeliones de Felipe Varela y Ricardo López Jordán, con cuyas tropas caminó hasta la derrota. Esa experiencia lo dejó en una posición incómoda frente al poder porteño.
El poema que incomodó a todos
En 1872, alojado en el Hotel Argentino frente a la Plaza de Mayo, publicó la primera parte del Martín Fierro. El poema ponía en el centro a los gauchos, a quienes las élites despreciaban y a quienes, al mismo tiempo, se les negaba el acceso a la educación y se los obligaba a integrar la leva militar. Hernández explicó en una carta a su editor que quería retratar el carácter de esos hombres, con sus arranques de orgullo llevados a extremos, producto de una naturaleza que nadie había logrado moldear.
“Con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen.”José Hernández, en una carta a su editor
La primera edición tenía unas 80 páginas y se agotó en dos meses. Siguieron nueve ediciones más. La repercusión no fue solo de lectores: Domingo Faustino Sarmiento se sintió aludido, mientras que Bartolomé Mitre le escribió a Hernández una carta elogiosa.
Siete años después, otro tono
Para 1879 el contexto político había cambiado y Hernández ya había encontrado su lugar en el Partido Autonomista, desde donde llegó a senador. Ese mismo año publicó La vuelta de Martín Fierro en una edición de lujo de 20.000 ejemplares. El gaucho de esta segunda parte regresaba a la civilización y aceptaba su lugar en una Argentina que se acercaba a 1880. Ya no desafiaba al sistema: aconsejaba obediencia.
Hernández murió el 21 de octubre de 1886. Los diarios de la época lo despidieron con el título “Ha muerto el senador Martín Fierro”, una frase que resume la fusión entre el autor y su personaje, una imagen que sigue vigente hasta hoy.
