Ajo en Mendoza: el exceso de lluvia recorta la cosecha y los precios no alcanzan a cubrir los costos
Tres semanas de precipitaciones en el Valle de Uco redujeron el calibre de las cabezas. Con el kilo en verde pagado a $300, cada hectárea registra un déficit estimado de $7 millones.
El Valle de Uco acumuló 170 milímetros de lluvia en apenas tres semanas durante la etapa final del cultivo, justo cuando las plantas forman los bulbos (las estructuras subterráneas que dan origen a la cabeza del ajo). Según las estimaciones iniciales, la nubosidad persistente, poco habitual para la zona en esa época, provocó mermas de entre 5.000 y 6.000 kilos por hectárea en una región que es la principal productora de ajo del país.
Un golpe climático sobre el tamaño de la cabeza
Un campo que normalmente rinde 35.000 kilos podría cosechar alrededor de 30.000, lo que representa una caída de entre el 14% y el 17%. El fenómeno no solo afectó el volumen, sino también el calibre (es decir, el tamaño de cada cabeza), que es un factor central para el precio que recibe el productor.
Cuentas en rojo por hectárea
- Ingreso estimado: unos $9 millones, resultado de vender 30.000 kilos a $300 el kilo en verde.
- Costo de producción: alrededor de $16 millones por hectárea, equivalente a un rango de entre 8.000 y 11.000 dólares.
- Diferencia negativa: cerca de $7 millones por hectárea antes de cualquier otro imprevisto.
A la merma climática se suma una demanda frenada. Los intermediarios que compran el ajo en el campo para acondicionarlo y exportarlo prácticamente no están operando, por temor a que nuevas lluvias dañen la mercadería ya cosechada. Según el material consultado, una vez que el ajo se moja y se mancha durante el secado, su valor puede caer a un tercio del precio normal.
Mercado externo y superficie cultivada
Alrededor del 70% del ajo argentino se exporta a Brasil, por lo que ese mercado define en gran medida los precios que reciben los productores locales. De acuerdo con el Relevamiento Hortícola Invernal 2025 de la provincia de Mendoza, el Valle de Uco concentra unas 9.019 de las 17.057 hectáreas cultivadas con ajo en la provincia. Algunos productores optaron por dejar el ajo en el campo y secarlo por su cuenta para venderlo en febrero o marzo, una decisión que exige mano de obra y efectivo en un sector que arrastra deudas de la temporada anterior.
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